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Tener datos no es tener visibilidad

Tener datos no es tener visibilidad

Esta semana he revisado con detalle las herramientas de gestión de mis equipos, algo que llevaba tiempo sin hacer a fondo. No encuentro nada de lo que había dejado funcionando. Tengo horas consumidas por proyecto, perfectamente registradas, pero ni una sola tarea marcada como completada desde hace semanas. La pregunta sería «¿cómo pierdes visibilidad de algo que llevabas meses midiendo?». Pero la pregunta está mal planteada. No pierdes visibilidad: nunca la has tenido. Tengo un campo «progreso» que solo se actualiza cuando insisto, y durante meses he confundido eso con un proceso.

Tener datos no es tener visibilidad

Te suena todo esto ¿verdad?. Nos pasa a todos y es que, si el estado de una tarea solo cambia porque tu preguntas, no tienes un sistema de seguimiento. Tienes a una persona —tú— haciendo de motor manual de un proceso que aparenta ser automático.

Las señales para que lo puedas auditar son muy simples. Las encuentras:

En el dato: los campos de estado se mueven justo después de que preguntas, nunca antes. Las fechas de «última actualización» coinciden con tus mensajes, no con el trabajo real. Hay más horas registradas que tareas cerradas, mes tras mes.

En el equipo: nadie escala un bloqueo si no se lo preguntas directamente. La respuesta a «¿cómo vais?» es siempre «bien», sin matices ni fricción visible.

En tu propia gestión: dejas de mirar el detalle porque asumes que ausencia de queja significa ausencia de problema. Esa es tu única fuente de tranquilidad, y no es un dato: es una suposición.

Por qué pasa esto

Un campo de «tarea completada», «de progreso» o un simple «comentario» en una herramienta no crea gobierno por sí solo. Crea la posibilidad de gobierno. Lo que lo convierte en real es que exista una razón para mantenerlo actualizado que no seas que estás tú preguntando. Si la única fuerza que lo mueve es tu insistencia, en el momento en que dejas de insistir, el dato se congela. Las horas, en cambio, siguen entrando solas porque están atadas a algo con consecuencia real: la nómina, la facturación o la justificación de horas. Nadie tiene que recordar que se registren esas horas. Sin embargo si tiene que recordárselo alguien para que marque una tarea como completada.

El coste real no es el desgaste de coordinación. Es todo lo que decides tarde. Cuando detectas que el dato no sirve, ya llevas semanas o meses gestionando a ciegas, y recuperar visibilidad real cuesta más que haberla mantenido desde el principio. Ese tiempo lo empleas en auditar manualmente lo que el sistema debería haberte dicho solo, en vez de emplearlo en decidir. Y cada vez que un dashboard demuestra que no sirve, la organización aprende —con razón— a no fiarse de los datos, y vuelve a depender de reuniones y vuelta al micromanagement: la dependencia que ese dashboard debía eliminar.

Cómo validar tus KPIs

Los KPIs que usas en tus proyectos son validos si respondes a estas preguntas:

  • ¿El porcentaje de tareas completadas se mueve en semanas donde no preguntas nada? Si no se mueve, no hay proceso.
  • ¿Hay tareas con fecha de última actualización de más de cinco días laborables? Si las hay, el dato está muerto y nadie te lo ha dicho.
  • ¿Existe alguna consecuencia —positiva o negativa— ligada a mantener el estado actualizado, distinta de que tú lo reclames? Si no la hay, no hay incentivo.
  • ¿Puedes explicar el avance real de un proyecto mirando solo la herramienta, sin preguntar a nadie? Si no puedes, no tienes indicador. Tienes ilusión de indicador.

Qué puedes hacer

Tu estado real es que tienes dato de horas y no dato de avance. El flag «completado» depende de que insistas. La causa no es disciplina de tu equipo: no existe ninguna consecuencia ni beneficio para ellos en mantener el estado actualizado, más allá de tu presión. Ese dato sólo te interesa o te preocupa a ti, no a tu equipo.

Puedes intentar solucionarlo insistiendo a diario en la actualización de las tareas. Pero esto, lamentablemente, sólo te trae desgaste y poco más. Esto no resuelve nada. Lo que si puede resolverlo, es atar la actualización de los datos con algo que el equipo necesite. Sin actualización no se cierra el sprint, no se libera el siguiente hito…

La solución pasa por atacar la causa, aunque esto exista un rediseño del proceso.

Por eso te propongo esta semana que verifiques si estás gestionando a ciegas y si tus datos están actualizados de verdad.

Esta semana

  1. Elige un proyecto y el campo de estado o de progreso. Deja de preguntarlo durante dos semanas.
  2. Mira si alguien lo actualiza sin que insistas. Apunta la fecha del último cambio real.
  3. Si no se mueve, no rediseñes el proceso todavía. Primero decide qué consecuencia operativa vas a atar a ese dato antes de volver a insistir

Ahora quiero leerte a ti, ¿tu equipo es de los que están actualizando toda la información de los proyectos aunque tu no estés persiguiéndoles?

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